Thank you so very much, Mr. John Meredith, for your kind introduction.
Appreciate especially your mentioning my three-year tour of duty in Barbados, known also by the name of little England and where, if I´m not wrong, former PM Tony Blair and family used to spend their annual vacations during all his years in office. I happen to remember being an unintended witness of the British high commissioner and the American Charge d´affairs trading jokes over how many secret service agents had to be used to protect their respective leaders, a lot on one side, very few on the other.
Very nice tour it was indeed and, believe it or not, there was plenty of work to do over there. That´s where and how I got the tiny amount of English of mine but unfortunately it is far too little for me to rely on for the serious matter of today´s speech. So I beg your pardon for having to switch to my more h. comfortable Spanish.
Estimado Señor Doctor John Meredith, Presidente de la Cámara de Comercio Británico,
Estimado Señor don Juan David Morgan,
Querido colega Damian Potter,
Damas y caballeros:
Enorme regocijo y privilegio para mí haber sido invitado por el presidente Doctor John Meredith a este almuerzo de la Cámara de Comercio Británico. En una cámara de comercio se supone que uno debe hablar de business, de negocios. Creo que ése ha sido el ángulo o perspectiva desde donde se me ha pedido hablar de las relaciones chino-panameñas.
Sin embargo he de confesar que nunca he sido bueno ni para hacer ni para hablar de los negocios, siendo yo una persona siempre patéticamente incompetente con los números.
Afortunadamente tengo en mi embajada un competente agregado económico y comercial, el señor Wang jian, a quien tengo mucho gusto de presentarles y de quien me he tomado la libertad de hacerme acompañar para que ojalá entre los dos logremos llevar a más feliz término nuestro intercambio de hoy.
De modo que con la venia del presidente Dr. John Meredith, voy a seguir el sabio consejo de, casualmente, hombres de negocios chinos de, cito, “pregonar sólo aquello que uno vende”, --y lo que vendo es más política de negocios que negocios mismos--,para hacer una muy breve reseña de mi visualización del actual estado de cosas en lo que se refiere a las relaciones de mi país con los países latinoamericanos, poniendo así a las relaciones sino-panameñas dentro del contexto regional.
China y América Latina, geográficamente fin del mundo la una para la otra, no obstante se acercan cada vez más, atraídas por un creciente sentido del destino común.
Esto es así porque somos por igual países en vías de desarrollo y fuerzas emergentes en un mundo lleno de incertidumbres; y porque a ambas partes, enfrentadas por igual tanto a desafíos como oportunidades en nuestro esfuerzo común por adelantar reformas estructurales e incrementar la capacidad de desarrollo autónomo, nos corresponde y conviene compartir nuestras sabidurías y experiencias, intensificando nuestra comunicación política, concertando nuestras necesidades de desarrollo y empujando nuestra cooperación práctica a un nivel más alto.
Para ello estamos dotados de favorables condiciones. Nuestras economías son altamente complementarias, complementariedad que ha permitido que en las últimas dos décadas el comercio bilateral haya registrado saltos espectaculares—de los 10 mil millones de dólares a principios del presente siglo a los cerca de 260 mil millones de dólares el año pasado, China llegando a ser el segundo socio comercial de América Latina y el primero de varios países de la región.
Dicho sea de paso, ya desde hace ya un buen número de años China se erige en segundo usuario del Canal de Panamá y primer proveedor de mercancías de la Zona Libre de Colón, aun cuando somos un bien distante segundo usuario del Canal detrás del primero, que son los Estados Unidos.
A su vez, América Latina se encuentra entre las regiones que han visto aumentar más rápidamente sus exportaciones a China, siendo también un destino importante de las inversiones chinas en el extranjero.
Es de enfatizar que la estructura comercial entre ambas partes ha venido en los últimos años optimizando visiblemente, entrando en China crecientes cantidades de bienes latinoamericanos de alto valor agregado, tales como aviones regionales, productos farmacéuticos, vinos y otros agropecuarios cuya producción contiene muy fuertes dosis de alta tecnología y que por tanto se hallan en realidad en eslabones bastante superiores de la cadena de valores. El esquema tradicional de manufactura china a cambio de productos primarios latinoamericanos está siendo rápidamente superado. También vale la pena señalar que con sus inversiones en América Latina, que hoy por hoy rondan alrededor de los 200 mil millones de dólares, creando 1,8 millones de empleos, China desea jugar y de hecho está jugando un rol positivo en contribución a la re-industrialización latinoamericana.
Al acariciar las mismas metas de alcanzar mayor nivel de competitividad y de desarrollo autónomo, valiéndose de la imperante tendencia de la globalización e interdependencia económicas, China y los países latinoamericanos se empeñan en una cooperación Sur-Sur de nuevo tipo cuyas características más eminentes son la igualdad y el mutuo beneficio.
China lo que busca con su presencia en este continente es transparente comunidad de intereses en lugar de subrepticios juegos geopolíticos; y es desarrollo compartido en lugar de daño a los intereses de terceras partes. Quienes piensen de otro modo, como ciertas mentes recalcitrantes del tipo Guerra Fria a quienes se les ha ocurrido inventar unas etiquetas tan fantasiosas para tildarle a China como por ejemplo “imperialista revisionista”, “depredadora” de recursos naturales latinoamericanos y culpable de un supuesto perenne atraso del continente, son víctimas, si no de una ignorancia crasa de la realidad de los hechos, pues de unos prejuicios asombrosamente arraigados, además de estar cometiendo una franca falta de respeto a la inteligencia humana.
Ahora bien, es justo aseverar que aún queda mucho espacio para el mutuo aprendizaje, comunicación y entendimiento entre China y naciones latinoamericanas en cuanto a sus respectivas políticas y estrategias de desarrollo, así como sus maneras de hacer las cosas, a fin de elevar la calidad y el nivel de la cooperación multifacética entre una y la otra parte, con sólida comprensión y apoyo de los más diversos sectores sociales. A este propósito los representantes gremiales juegan desde luego un rol de vital importancia. Y en tal sentido, la embajada china en Panamá y este servidor tenemos la mejor disposición a seguir trabajando de la mano con el empresariado panameño con miras a fortalecer cada día más el profundo sentido del destino común que nos une.
Terminaría aquí de no haberme acordado otro consejo sabio, éste de un ex-asesor y ghost writer de la Casa Blanca, para más señas al servicio del presidente George W. Bush hijo, quien en una charla sobre hablar—o vender-- la política en público y respondiendo a una pregunta de un colega mío entonces en la embajada china en Washington acerca de cómo un funcionario del servicio exterior podría vender su producto de un modo un poco más entretenido, un poco menos aburrido, pero sin desviarse de la línea oficial, sentenció: “hazlo sonar como historia personal. Entonces les pido unos minutos adicionales para agregar una anécdota de vivencia personal.
Cuando yo, a la tierna edad de 16 años—corría el año 1979, me proponía a meterme a estudiante de español en una escuela de lenguas extranjeras, a mi casa vinieron un buen número de amigos de mis padres, todos ellos intelectuales de buena talla, que supuestamente conocían el mundo, a tratar de disuadirme de ir a cometer semejante tontería, o mejor dicho de disuadir a mis padres de dejarme hacerlo. Su argumento era que si lo hacía, terminaría sin profesión respetable y sin empleo y casi seguro que moriría de hambre porque el español era poco menos que inútil por cuanto las relaciones entre China y los países de habla hispana, sea de índole diplomático-política, sea económico-comercial, sea social-cultural, distanciaban mucho de ser intensas y virtualmente existía cero presencia empresarial física de una parte en la otra. O sea que ¿para qué gastar tiempo en el estudio de algo tan poco prometedor para ganarse uno el pan?
Yo, como era habitual para muchos si no todos quinceañeros, no les hice caso a los mayores e igual me fui a esa escuela de lenguas extranjeras donde iba a pasar, ¿quién lo diría? seis años estudiando el español, desde A B C a obras de García Márquez.
Y, a un año de estar estudiando allí, cuando la promoción superior de alumnos se graduaba, recibí el primer golpe duro de castigo a mi temeraria desobediencia a los mayores. De esa clase de 9 alumnos, excepto una chica que se quedaba en la facultad enrolada como profesora asistente, los demás 8 se quedaron sin la menor posibilidad de conseguir un trabajo que tuviera que ver, siquiera mínimamente, con el español.
Bueno, para hacer un largo cuento corto, en ese entonces, 1979, a lo largo y ancho de toda China no había más de un centenar de alumnos de español en, no sé, a lo mejor 5 o 6, máximo 10 centros docentes de lenguas extranjeras; y aquellas escuelas secundarias donde en años anteriores sí se enseñaba el español, lo habían cerrado.
Hoy, en cambio, en China hay más de 80 centros docentes superiores donde se enseña el español a no menos de 50 mil alumnos. Y, además, el ministerio de educación chino ha establecido que se instale la clase de español como asignatura optativa.
El español hoy en día es considerado como una de las lenguas más útiles para los efectos profesionales en China. La razón no puede ser más obvia: hoy por hoy, los vínculos sino-latinoamericanos de todo orden, nivel y ámbito son incomparablemente más ricos y fecundos que hace 30 y tantos años, reflejo de una tendencia histórica indetenible. And Panama is catching up with it.
Muchas gracias.